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Paraguay: Porque esta vez no se trata de cambiar un presidente…Diálogo con Fernando LugoClaudia Korol10 Abril 2008 Redes cristianas Paraguay atraviesa actualmente una encrucijada, cuyo resultado marcará las perspectivas populares no sólo en ese país, sino en toda América Latina. Por primera vez en 60 años resulta seriamente amenazada la hegemonía del Partido Colorado, por una fuerza electoral encabezada por el ex obispo Fernando Lugo. Caminando entre los sectores populares con la naturalidad de quien los ha acompañado durante años, Fernando Lugo se encuentra sin embargo, en el ojo de un huracán. Nacido en 1951, en una comunidad rural, vivió desde pequeño la represión de la dictadura. Su padre estuvo preso más de veinte veces. Tres de sus hermanos fueron torturados y expulsados del Paraguay. A los 19 años entró al Seminario, y se identificó en su trayectoria en la iglesia, con la perspectiva que aporta la “Teología de la Liberación”. En 1983 fue expulsado del Paraguay, por sus “sermones subversivos”. Después de un tiempo en Roma, regresó en 1987, y en 1994 fue ordenado Obispo. Durante 10 años fue Obispo en San Pedro, una de las regiones más pobres del Paraguay, y más castigadas por la represión. A finales del 2006, Lugo renunció al sacerdocio y aceptó la candidatura para presidente, después de recibir más de 100.000 firmas que pedían que contribuyera con su prestigio a lograr la unidad de las fuerzas paraguayas opositoras al Partido Colorado. Realizamos este diálogo, en el marco de un Seminario Nacional convocado por la juventud de Tekojoja, la fuerza creada recientemente alrededor de su figura, cuando todas las encuestas lo colocan en primer término, para la presidencia del Paraguay. Al llegar al Seminario, los muchachos y muchachas se agolpan a su alrededor para una foto, una palabra, un abrazo. ¿Quién es Fernando Lugo? ¿Cómo fue el proceso por el cual aceptó dejar el cargo de Obispo y dedicarse a la acción política? Después de finalizada la dictadura de Stroessner (1954-1989) todas las estructuras de control de las instituciones políticas, jurídicas, militares, legislativas, quedaron en manos de sus continuadores. El modelo de acumulación que por largos años sustentó a la dictadura, basado en el esquema agroexportador, en las grandes contrataciones del Estado, y fundamentalmente en el dinero que ingresó en las grandes construcciones de Itaipú y Yacyretá, se agotó en la década del 80. Sin embargo la crisis profunda fue siendo sorteada por la violencia política ejercida contra el pueblo, y como ajustes de cuentas entre las principales facciones del poder: los ganaderos –organizados en la Asociación Rural del Paraguay, la UIP (Unión Industrial Paraguaya), CADELPA (Agroexportadores), entrelazados con los narcotraficantes, y grupos que han hecho de la política el camino de los negocios. Es por ello que la posibilidad de que se concrete lo que en todas las encuestas aparece como un triunfo seguro, está amenazada por varios factores. No sólo porque el Partido Colorado es un especialista en “megafraudes”, sino también por la guerra sucia que han venido desarrollando contra las fuerzas opositoras. ¿Cómo piensa desafiar al aparato corrupto que hoy controla mayoritariamente las estructuras políticas del Paraguay? Lo que nosotros queremos es que, si Lugo llega al gobierno, el pueblo tenga el poder, sea el protagonista, elabore el programa. Yo me coloco a disposición de ese pueblo. Siempre decimos que el enemigo, el adversario, no va a ser Blanca Ovelar (candidata del Partido Colorado), o Lino Oviedo (candidato de un sector militar). Nuestro enemigo será la corrupción. Tendremos que vencer a la pobreza, a la ignorancia… Pero el 20 de abril, el día de las elecciones, el gran desafío será poder romper 60 años del aparato del fraude electoral más escandaloso del continente. Hoy estamos seguros de que eso pasará. Porque el control electoral y la mayoría del pueblo paraguayo lo van a garantizar. La fuerza electoral que lo lleva como candidato, está compuesta por una franja política muy amplia que va desde una parte significativa de los movimientos populares, hasta el tradicional (y conservador) partido Liberal Radical. Esto genera lógicas desconfianzas entre los sectores que aún apoyando al candidato, saben que en el caso de que triunfe, habrá también una gran disputa al interior del espacio que hoy lo apoya. ¿Cómo caracteriza a las fuerzas que integran la Alianza? La Alianza Patriótica para el Cambio se hizo para favorecer a los más pobres del país, y en primer lugar están los indígenas, los sin tierra, sin techo, sin educación, sin salud. Ellos nos piden, nos exigen, nos gritan del norte al sur del país, el cambio real del Paraguay. Como dice la canción chilena: “esta vez no se trata de cambiar un presidente, se trata de hacer un Paraguay diferente”. Nuestro sueño es que el Paraguay abra sus brazos, levante vuelo, y pueda acoger si no a todos, para ser realistas, a la gran mayoría de los paraguayos que hoy viven deambulando por el mundo, casi buscando como los indígenas esa tierra sin mal, y que puedan encontrarla en su propia tierra. El Paraguay va a cambiar, ha empezado a cambiar, con la colaboración de todos, sin excluidos. ¿Qué lugar tienen los movimientos populares en el proyecto de la Alianza Patriótica para el Cambio? El movimiento Tekojoja nace cuando los movimientos sociales se dan cuenta de que sus grandes reivindicaciones, desde el punto de vista social, no son atendidas, no avanzan. Cuando los sin tierra ven que su lucha social está siendo criminalizada, en el momento en que se procesan a más de cuatro mil campesinos… Eso va debilitando a la lucha social. Estos grupos comienzan a pensar en formar un movimiento político. En Tekojoja, la gran mayoría son líderes sociales, jóvenes, estudiantes, artistas, y políticos que no surgen de los partidos tradicionales. Estamos convencidos que los movimientos populares hoy tienen un gran protagonismo político. Un gran paso que están dando es pensar políticamente los problemas sociales, y responder también políticamente a los problemas sociales. Ese protagonismo es el que marca la diferencia y la identidad de la Alianza. ¿Qué cambios espera poder realizar desde el gobierno? ¿Qué va a cambiar? ¿Qué otras cosas van a cambiar? Vamos a una Reforma Agraria que nunca se ha hecho. Hay un programa de Reforma Agraria elaborado por los propios campesinos. No se trata sólo de distribuir algunas tierras. Reforma Agraria es posibilitar que la ciudadanía, que las 300 mil familias sin tierra, puedan tener la posibilidad de una vida digna, con tierra, crédito, asistencia técnica, cultivo adecuado, mercado justo, y con todos los servicios. ¿De dónde saldrá la plata? Otro tema importante, es que vamos a apoyar a las pequeñas empresas formadas de manera cooperativa. Tenemos la energía suficiente como para hacer un país industrial. Soberanía territorial No se puede construir una nueva sociedad, sobre el silencio y el olvido. Solamente con la justicia. En nuestro plan de gobierno, proponemos una justicia soberana, independiente, y autónoma. Hoy no la tenemos. Así como están las cosas hoy en Paraguay, la justicia no es ninguna garantía. En esta transición, más de 100 campesinos fueron matados. Se han judicializado las luchas sociales y campesinas. Creemos nosotros que la justicia tiene que ser soberana e independiente, y la manera de hacerlo es que no sea resultado de un pacto político de los partidos para elegir a los miembros de la corte. Que estén los más idóneos, los más capaces. Yo creo que los organismos internacionales están dispuestos a ayudarnos para que podamos avanzar en esto. La justicia tiene que ser igual para todos. ¿Qué están proponiendo al respecto? Impulsaremos la construcción de redes de transmisión de gran porte para asegurar el suministro interno del país, estimular el uso productivo de nuestra hidroelectricidad y posibilitar que Paraguay sea el centro de interconexión eléctrica del MERCOSUR, exportando su hidroelectricidad a precios de mercado. La deuda histórica “Acosta Ñu fue una de las más terribles batallas de la historia militar del mundo. De un lado estaban los brasileños con veinte mil hombres. Del otro, en medio de un círculo, los paraguayos con tres mil quinientos soldados de nueve a quince años, ¡no faltando niños de seis, siete, y ocho años! Junto a los tres mil quinientos paraguayos, combatían quinientos veteranos comandados por el General Bernardino Caballero. Esa batalla, librada el 16 de agosto de 1869, fue necesaria para que el Mariscal Francisco Solano López continuase su retirada del cuartel general de Ascurra, y siguiese con seguridad hacia Cerro Corá, mientras los “niños combatientes” retardarían a las tropas brasileñas… Acosta Ñú, es el símbolo más terrible de la crueldad de esa guerra: los niños de seis a ocho años, en el calor de la batalla, aterrados, se agarraban de las piernas de los soldados brasileños, llorando, pidiendo que no los matasen. Y eran degollados en el acto. Escondidas en las selvas próximas, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas empuñaron las lanzas y llegaron a comandar grupos de niños en la resistencia .” La guerra de la Triple Alianza duró cinco años. Cuando comenzó la guerra, el Paraguay tenía aproximadamente ochocientos mil habitantes. Al terminar sólo existían en el Paraguay, ciento noventa y cuatro mil habitantes. De estos, catorce mil eran hombres y ciento ochenta mil mujeres. O sea, la población masculina fue prácticamente exterminada: de los catorce mil hombres que quedaron de la población inicial de ochocientos mil habitantes, por lo menos el setenta por ciento eran niños de menos de diez años. Al término de la guerra, se entregó a los países vencedores más de la tercera parte de las tierras. Paraguay perdió ciento cuarenta mil kilómetros cuadrados de su territorio. El imperialismo inglés, propiciador de esta guerra, logró así mantener su dominación en Sudamérica, y desintegró al país que en ese momento estaba más avanzado económicamente, con una estructura industrial desarrollándose rápidamente, con un estado soberano frente al colonialismo español, con prácticas de una justicia distributiva, a través de las “estancias de la patria”. Un país donde se había abolido el analfabetismo. Concluye el autor de este estudio sobre la Guerra del Paraguay: “Mataron al Paraguay literalmente, exterminaron al 96,50% de su población masculina. En la destrucción del Paraguay, se mató el nacimiento de una gran esperanza de liberación económica de la América del Sur. Se consolidó el dominio extranjero del capital expoliador; se echaron por tierra la audacia y la voluntad indomable de resistir”. ¿Qué significa esta carga histórica, de cara a la integración de nuestros pueblos? Haremos un gobierno abierto al continente y al mundo. Abierto a las nuevas tendencias, pero con nuestra identidad bien marcada. Abiertos al MERCOSUR, a una integración con más equidad social, con más simetría. Abiertos a las otras regiones del continente. El Paraguay, sus hombres, sus mujeres, nos han enseñado mucho en estos últimos meses. Nos enseñaron que tenemos fortalecida una identidad propia, y sobre todo que el Paraguay no se arrodillará delante de nadie. Recuperaremos nuestra dignidad como Nación. Nuestras pequeñas grandes diferencias, las conversaremos con los vecinos, con amistad, solidaridad, de igual a igual. ¿Qué significaría un triunfo de Fernando Lugo en el escenario político latinoamericano? Tenemos el elemento de desarrollo de la integración que no se debe descartar, que es justamente la energía. Paraguay es el único país que tiene reservas de energía, y que tiene sobras de energía en la región, y creo que eso nos da el potencial de poder renegociar con los países vecinos, y al mismo tiempo de ser escuchados en el concierto de las naciones, como el país que pueda aglutinar, que pueda unir, y que pueda tener un espacio preponderante en el desarrollo y la integración del continente. ¿Cómo se da esa batalla entre el miedo y la esperanza en los sectores populares? Es cierto que hay un gran miedo. Pero también hay una gran esperanza puesta en marcha. A esa esperanza no vamos a defraudar.Creemos que será un proceso posiblemente difícil, largo, pero prometimos a la ciudadanía no renunciar al derecho de todos los paraguayos, y este derecho está en el centro de nuestras preocupaciones. “En los días venideros cada cual tendrá su sitio; |