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¡Muerte, deslaves, inundaciones, desastres!FNLEsa es la cosecha que la codicia de unos pocos insiste en sembrar El país ha sido golpeado, una vez más, por una intensa temporada lluviosa, generadora de una serie de desastres que muchas personas y medios, de manera irresponsable y equivocada, califican como “naturales”. Hay que ser claros: No se trata simplemente de que “la naturaleza nos castigó”, de que “el invierno ha sido más fuerte de lo esperado”, ni nada por el estilo. Todas las pérdidas ocurridas son dolorosas. Más de 44 personas perdieron su vida, 16 han desaparecido y miles resultaron perdiendo sus medios materiales de sobrevivencia. Y faltan todavía los meses más duros del invierno. Pero estas pérdidas no ocurren debido a las copiosas lluvias. Las lluvias son el efecto, no la causa. El aumento constante en el rigor de los inviernos tiene, como causa principal, la avaricia de algunos grupos, minoritarios pero poderosos, a quienes lo único que les importa es la multiplicación de sus riquezas, sin consideración alguna respecto al daño que le causan al Planeta en el que todos y todas vivimos. Estamos padeciendo las consecuencias de un enfrentamiento entre “ganancias versus medio ambiente”, cuyos costos y efectos los terminan pagando, sobre todo, quienes forman parte de los sectores populares, debido a la mayor vulnerabilidad en la que viven. Los guatemaltecos y guatemaltecas debemos, con urgencia, tomar conciencia de que lo que ha venido ocurriendo a lo largo de los últimos años no es, de ninguna manera, un fenómeno natural. Es el producto de la acción y la irresponsabilidad humana sobre la naturaleza. Es el fruto anunciado que se recoge después de una larga siembra de destrucción, de contaminación y de despojos, realizados todos a partir de la codicia desmedida de unos cuantos. Es la cosecha inevitable que se produce después de décadas de atentar, de manera directa y continua, contra el entorno que nos rodea. Estamos, pues, recogiendo lo que, como humanidad, hemos sembrado. Quizás no somos todos los seres humanos quienes incidimos de manera directa en la generación de estos cambios, pero muchos, aunque no seamos grandes industriales depredadores ni dueños de empresas contaminantes, somos también co-responsables por cuanto nuestro silencio nos hace cómplices. La indiferencia manifiesta de las grandes mayorías ante el cambio climático las hace cómplices de los desastres anti-naturales que hemos venido cosechando. La apatía y el desinterés evidente ante el calentamiento global convierte a casi todos y todas en responsables de lo que ha venido ocurriendo. “¿Que el clima está cambiando? A mí qué me importa. Además, ¿qué puedo hacer yo para evitarlo? Nada”, ha sido la actitud predominante entre la mayoría de la población y, a partir de ello, no sólo nos desatendemos del tema, sino que continuamos contribuyendo a la generación de nuevos desastres. ¡Ya es hora de que nos demos cuenta de que el calentamiento global, de que la generación de gases de efecto invernadero, de que las crecientes emanaciones de químicos tóxicos, entre otros hechos afines, no nos son, en absoluto, ajenas! Si en Japón o en Estados Unidos los grandes industriales contaminan la atmósfera, las dolorosas consecuencias terminan pagándolas los vecinos de Puerto San José o de Nueva Concepción cuando se inunda el pedacito del planeta en el que viven. Si en Europa o en China insisten en seguir adelante en su política de destrucción del medio ambiente, los costos terminan pagándolo los pasajeros de un bus que queda sepultado bajo un alud en cualquier carretera de Guatemala. La agresión contra el Planeta nos conecta a todos y a todas. El daño que le hacemos a la atmósfera, entre otros daños afines, terminamos pagándolo todos y todas. Peor aún si es desde Guatemala que nace parte de esa agresión y nada hacemos para evitarlo. Ese es, exactamente, el caso. En Guatemala se están construyendo y están prontas a entrar en operación varias plantas generadoras de energía eléctrica que utilizan carbón mineral para su funcionamiento. Es decir, plantas altamente contaminantes del entorno, generadoras de millones de toneladas de gases de efecto invernadero y, en consecuencia, profundamente lesivas con respecto al calentamiento global. ¡Estamos, pues, sembrando desde aquí las semillas de nuestra propia destrucción! Ello con el agravante de que, ni como pueblo ni como Nación, hacemos algo al respecto. El pasado 7 de Junio del 2010, Prensa Libre publicó los resultados de una investigación sobre el tema de las plantas carboneras en Guatemala. Entre los datos publicados destacan los siguientes, que resultan una clara confesión: “De acuerdo con datos del informe de impacto medioambiental presentado por Jaguar Energy al Ministerio de Ambiente, la nueva carbonera emitirá cerca de dos millones de toneladas de CO2 al año. La central carboeléctrica La Libertad emite 33 mil 313 toneladas, y San José, un millón 193 mil. Tan solo estas emisiones suman más de tres millones de toneladas de CO2 y duplicarían las actuales en la producción energética ofrecidas por el MARN —dos millones 758 mil toneladas—. “En cuanto a los gases de efecto invernadero, la producción de energía mediante carbón es la que más gases produce por unidad de masa”, afirmó Edwin Castellanos, director del Centro de Estudios Ambientales de la Universidad del Valle. “El carbón tiene mucho azufre, que puede producir lluvia ácida e incluso problemas de hollín”, expuso” Está claro, pues, cuál es el rumbo emprendido por Guatemala. El Estado optó por permitir que las empresas extranjeras, encabezadas por Unión FENOSA, (que es la transnacional que otorga las licitaciones respectivas), utilicen el suelo nacional para acumular sus ganancias y dañar el medio ambiente. El propio Presidente, Álvaro Colom, colocó la primera piedra de estas nefastas construcciones. ¿Cuántos nuevos deslaves, nuevas inundaciones, nuevas muertes se estarán generando con esas plantas carboneras? En Octubre, en Belice, se reunirán los gobiernos del área para preparar un Encuentro Regional sobre el tema del Medio Ambiente y el Cambio Climático, que se desarrollará en Cancún, México, del 29 de Noviembre al 11 de Diciembre. En esa reunión preparatoria y en ese Encuentro, Guatemala debería anunciar el cierre del proyecto de plantas carboneras. Sería una medida inteligente y necesaria para aportar en la búsqueda de soluciones al problema del cambio climático. Desde el Frente Nacional de Lucha instamos a la población y a las legítimas organizaciones populares a tomar cartas en el asunto; a pronunciarse y a actuar sobre este tema, puesto que nada, en absoluto, justifica que, desde Guatemala, se agreda al Planeta entero de semejante manera. Asimismo, exhortamos a los gobiernos de la región a que demanden el cierre de estas plantas carboneras, cuyos efectos negativos, la lluvia ácida por ejemplo, cubrirá desde Chiapas hasta Panamá. El cambio climático no se combate con palabras vacías. Requiere la urgente adopción de medidas concretas. ¡La Lucha Sigue! Guatemala, 6 de Septiembre del 2010
Enviado por editor el Jue, 2010-09-09 11:09. categories [ ]
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