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PRONUNCIAMIENTO SOBRE EL 30 ANIVERSARIO LUCTUOSO DE OSCAR ARNULFO ROMEROEquipo SICSAL-MéxicoEn un hecho sorprendente (al menos para nosotros), la diputada Aleida Alavez, que forma la actual legislatura de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (Diputación local en la Capital de la República Mexicana), leyó un pronunciamiento y punto de acuerdo para honrar la memoria de Monseñor Oscar A. Romero, en el XXX Aniversario de su muerte martirial. ¡Algo que jamás se había hecho en un recinto público, mucho menos en un recinto gubernamental en ningún lugar de México!, en donde se ha pugnado por dejar muy clara la división entre la Iglesia y el Estado (que se dice laico). Nos sorprende gratamente este gesto, en una situación en la cual la iglesia de México no goza de la simpatía ni de la confianza popular, debido a su acercamiento a las élites económicas y a las clases poderosas del gobierno, y a los escándalos de abuso sexual, pedofilia y pederastia de varios clérigos, entre ellos el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, y el encubrimiento que de estos crímenes ha hecho el Cardenal Norberto Rivera Carrera. A continuación, ofrecemos el documento leído en el pleno de la Asamblea Legislativa: Santiago de Maria, El Salvador, es una zona cafetalera. En la época de las cortas mucha gente pobre llegaba a la cuidad. Oscar Arnulfo Romero abría las puertas del obispado para que pudieran dormir bajo techo. Allí repartía comida, ponía películas, platicaba con la gente. En santiago de Maria, Oscar Arnulfo Romero comenzó a ver de cerca la realidad de la pobreza y miseria en la que vivian la mayoría de los campesinos. Entendió que muchos de sus amigos ricos, que le ayudaban en sus obras de caridad, eran los mismos que le negaban a la gente pobre un salario justo. Lo que como sacerdote veía en San Miguel, como Obispo de Santiago de Maria lo seguía comprobando: pobreza e injustita social de muchos, que contrastaba con la vida ostentosa de pocos. El pueblo comenzó a abandonar su miedo a la represión, se organizaba y reclamaba sus derechos. Los poderosos terratenientes estaban detrás de los fraudes electorales y se imponían una y otra vez a militares como presidentes de El Salvador. La represión se agudizó contra los campesinos, obreros y estudiantes, se defendía el derecho del pueblo a organizarse y a reclamar una paz con justicia. En medio de este ambiente de incertidumbre, Monseñor Romero fue nombrado Arzobispo de San Salvador, el 23 de febrero de 1977. Tenía 59 años y su nombramiento para muchos fue una sorpresa. Se esperaba el nombramiento de Monseñor Chávez y González. La situación se complicó, un nuevo fraude electoral impuso como presidente al General Carlos Humberto Romero. La gente que protestó en la Plaza Libertad fue dispersada a tiros. A partir de ese momento el pueblo salvadoreño vivió un autentico calvario y Monseñor Romero decidió acompañar al pueblo en esa situación de miseria y muerte. Pasó a ser Monseñor Romero: “el amigo del pueblo”, su lema fue “SENTIR CON EL PUEBLO”. Creó una oficina de defensa de los derechos humanos, abrió las puertas de la iglesia para dar refugio a los campesinos que huían de las persecuciones, impulsó el Semanario Orientación y la Radio YSAX, en sus homilías denunciaba las injusticias, su palabra era para muchos motivo de consuelo y esperanza. Lo acusaron de revoltoso marxista, de incitar a la violencia y de ser el causante de todos los males de El Salvador, pero nunca de los labios de Monseñor Romero salió palabra alguna de rencor y violencia, su mensaje fue claro, no sejó de convocar a la unión y al diálogo para solucionar los problemas de su país. De las calumnias pasaron a las amenazas de muerte. A pesar de ello dijo que nunca abandonaría al pueblo. Y lo cumplió. Fue asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la misa en capilla del Hospital La Divina Providencia. Monseñor Romero nació y murió pobre. Nunca tuvo riquezas ni ambicionó puestos de poder. Cuando fue nombrado Arzobispo de San Salvador, se fue a vivir al hospital Divina Providencia, junto a los enfermos de cáncer. Un mayúsculo ejemplo de humildad y congruencia. Su vida aunque parece trágica, fu trascendente, está en el lugar que ocupan hombres como Bolivar, San Martín o Sucre. Capaces de entregar más allá de su vida para convocar a la Unidad Latinoamericana y la solidaridad con el prójimo. El ejemplo de Monseñor Romero, nos deja dos enseñanzas fundamentales: el esfuerzo para desde cualquier tribuna convocar al diálogo y a la unidad en beneficio del pueblo, a indignarnos y hacer frente a las injusticias y la desigualdad de nuestros pueblos y llamar a la unidad de Latinoamérica asediada por los intereses transnacionales que buscan arrebatarnos la soberanía y romper la identidad que nos hermana en América latina. Su asesinato artero no se olvida y se mantiene viva la afrenta por la que lucho: la desigualdad y la injustita. Desde aquí, desde está tribuna, rendimos homenaje a un hombre excepcional, contemporáneo de la lucha y el compromiso social.
Enviado por editor el Vie, 2010-03-26 20:47. categories [ ]
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